Travesía Loto del Sur 

Prólogo

Nos reúne @lotodelsur en Cartagena de Indias, Colombia. Un punto diminuto en el formidable continente latinoamericano que hay que ubicar en esa pieza de arte contemporáneo conocida por deshacer geografías aprendidas: es la América Invertida, “un dibujo a pluma y tinta de 1943 del artista uruguayo Joaquín Torres García. La imagen presenta una representación de América del Sur que desordena sus trazos estándar y, en cambio, está orientada con el sur en la parte superior”.

La promesa es hallarnos entre el oro verde, otra metáfora elocuente para desbaratar la cabeza de sus lógicas y prejuicios. Oro Verde, aquello que es preciado y hay que cuidar pues es escaso: desde un metal particular hasta un repertorio botánico, un pedazo de nube, jirones de experiencias, raros comestibles, aromas fugaces. Un nombre también elegido para bautizar el más reciente hallazgo de la compañía botánica fundada por la arquitecta Johana Sanint hace 25 años.

Un puñado de mujeres, tres países: Colombia, Chile y México. Juntas, al final revueltas en nuestros relatos propios que intercambiamos como niñas alborotadas con el candor de quien reparte dulces de coco. Fabulosas compañeras de viaje… y 3 hombres soñados: Simón, Ricardo y Jack.

Poema

“Los tambores en la noche
parece que siguieran nuestros pasos.
Tambores misteriosos que resuenan
en las enramadas de los rudos boteros,
acompasando el golpe con los cantos
de los decimeros, con el grito blasfemo
y la algazara, con los juramentos
de los marineros… en tanto que se anuncia
tras los gibosos montes
un caprichoso recorte de mañana.
Los tambores en la noche, hablan.
¡Y es su voz una llamada
tan honda, tan fuerte y clara,
que parece como si fueran sonándonos en el alma!”

Fragmento de “Los tambores de la noche / Autor: el cartagenero sin par Jorge Artel.

Hice esta fotografía para “ver qué veía” a través de sus ventanas de obsesión el arquitecto Rogelio Salmona, quien imaginó primero y fabuló después la casa de ladrillos para Gabriel García Márquez en Cartagena de Indias, Colombia.

Un ojo de buey que devela ORO VERDE en el sendero que recorro con @lotodelsur

Terracota

En el Caribe colombiano sucede lo inverosímil. Nuestros vestidos son volutas desprendidas del ardiente atardecer que se adivina en el lado infinito del mar. Y nos fundimos en los muros del que fue hogar de Gabriel García Márquez, de su familia de sangre y de aquella tremenda dinastía compuesta por sus amistades. Parecemos de barro, ese que es terracota. Salpicadas quizás de polvo de ladrillo.

Entramos en la casa antológica que cuida con esmero @fundaciongabo en Cartagena de Indias, Colombia y nos permiten lo impensable: perdernos por las escaleras que conducen allí al salón fresco donde el escritor hacía su oficio; más allá a la habitación del matrimonio Gabo/Gaba y puedo comprobar atónita el primor de una cama impoluta; en el descenso al jardín de hierba gruesa hay una rendija que crece y se amplía a cada paso para develar sin más el comedor donde cenamos, bebemos, hablamos, doblamos servilletas de lino y las guardamos (otro rastro terracota), fabulamos y nos vamos adivinando. En esa secuencia.

El Oro Verde está en los gestos, las sorpresas, los gritos ahogados ante emociones servidas en intervalos. Cuánta dedicación @lotodelsur@the.ballen@simonballen@oooficina

Teresita Gómez

Incombustible, arrebatadora, la pianista que ama a Bach y complace con Chopin. María Teresa Gómez Arteaga nació en 1943 en Medellín, Colombia y se juraría -al escucharla- que su instrumento fue concebido con ella antes del origen del mundo. Su vida es un meteorito, sus manos unas hebras ancladas a las cuerdas de esa caja torácica negra que respira por ella. Sus pies se elevan a 17 centímetros del piso y unas arañas brillantes trepan desde sus tímpanos y se asoman a la sala. Es tan bárbara que se ríe para conjurar los males de esta era y con sus carcajadas silencia los estruendos agazapados tras la ventana.

Nos ha tocado en toda la inmensidad del término. A nosotras. A las que caminamos el sendero ORO VERDE con @lotodelsur y nos hundimos en los sofás de Gabriel García Márquez, incrédulas y pellizcándonos para comprobar que Teresita Gómez, como el dinosaurio de Quiroga, sigue allí y que estamos soñando despiertas.

Escribo rápido mientras nos dedica unas palabras, me falta papel y también aliento. Titilan las velas Ex Libris prendidas. Aquí están los apuntes pronunciados por una señora que cuenta sus años en compases:

“El tiempo aquí (en el piano) no existe y ahora el tiempo nos tiene alterados a todos. Cuando haces algo lento sale mejor, respirando cómodamente. La música es como una religión. Quería que la gente me quisiera: dulces y flores. Darle a la gente algo que les agrade mucho es lo que yo deseo.
Bach es un compositor milagroso. Hice terapia con él cuando me operaron las manos.
Para la juventud: que tengan un rato de intimidad con la música clásica porque eso afina el alma.
La música puede hacer con uno lo que quiera.
A través de los pianos me relaciono con los materiales: la madera y con los artesanos.
Uno se puede enojar y tener rabia pero esos son ingredientes en el cuerpo que desarmonizan.
Si estoy con decepción amorosa tampoco puedo tocar bien.
Armonía es saber salir de eso.
Ahora estamos muy desafinados, nuestros cuerpos son música y vivimos demasiado ruidosos. Nos faltan momentos de contemplación...”.

Mompox

Hemos llegado hasta “un territorio marcado por el tiempo, la naturaleza y el oro” como leemos en el periódico ORO VERDE que encontramos en las sillas de la avioneta. En Mompox @lotodelsur anuncia:"… para nosotros el equivalente más puro de ese metal tan preciado en la cosmovisión de las Américas lo encontramos en la naturaleza, en los compuestos botánicos que concentran todo su poder…”.

El pueblo de Macondo en la ficción garciamarquiana se ha encargado de convertir también en mito a Mompox porque de estas calles silenciosas, tapizadas de apellidos y rejas floreadas, por donde pasó Humboldt y se cultivan talentos virtuosos, rezos en las iglesias, gatos en el cementerio, porque en estas calles empedradas -decía- que reciben la brisa hirviente del río Magdalena brotan las descripciones que dejó GGM en “Cien años de soledad”.

Y también aquella frase que me va a perseguir en este viaje: “Mompox no existe, a veces soñamos con ella, pero no existe”, le dijo Simón Bolívar a su edecán José Palacios al llegar allí en su último recorrido hacia Santa Marta…” (en la novela “El general en su laberinto”).

En @sanrafaelmompox nos esperan los abanicos colgados de las vigas más altas; las “costeñitas” frías como témpanos verdes; el frutero de palabras mágicas (Curumata / tahamaca / cañandonga…); la cocina crujiente y refrescante de Andrea, inventora de @gansoycastor , transportada hasta esta mesa momposina que nos aguarda. Desde luego que fuimos unas antes y después de probar tortas de casabe con anís y cáscaras de limón en almíbar.

Guardo el prendedor de filigrana de oro como talismán de esta amistad fraguada de inmediato entre nosotras, las mujeres que nos deshilamos al tiempo que vamos adivinando por qué Loto del Sur nos ha reunido a un manojo de desconocidas. La razón de este viaje. El ineludible sino que compartimos: nuestra dedicación a narrar historias. Empresarias, escritoras, actrices, productoras, periodistas, investigadoras, creativas bastante insaciables. Alquimia pura y reluciente.

Filigrana: el pescadito de Hermes

La tarde espesa el aire y la guayaba agria se sirve muy fría en vasos metálicos cubiertos de escarcha. Los abanicos de @the.ballen nos tapan el sol y se abren paso entre el calor. Cómo lo agradecemos, ninguna se confunde porque cada mástil de cuero lleva repujadas nuestras iniciales. Hacemos orden, hemos llegado a @el_boga_mompox ,la casa taller que espolea a quienes se expresan desde las artes y los oficios, el lugar deseado para realizar residencias artísticas. Una casona donde sonríen hasta las plantas.

Hemos confabulado con @lotodelsur que en esta sesión sea yo quien presente y dialogue con Hermes Manjarrés Almendrales, el joyero momposino celebrado de múltiples maneras. Me he puesto un delantal de @angelajimenezperez porque el momento es ceremonioso, nos congrega desde el respeto como ha escrito Johana Sanint refiriéndose a la relación que establece con el entorno de los descubrimientos en Loto del Sur.

Hermes Manjarrés Almendrales es un hombre de pinzas, hilos de plata y dedos fantasiosos. Se ha inventado casi todo lo que sabe y comparte generoso. Ha estudiado y acumula paciencia santa ante su mesa de trabajo desde hace 47 años que se inició en este oficio de la joyería y en la técnica de la filigrana. Ha viajado y visto mundo, recibido reconocimientos y misiones secretas como la elaboración de los pescaditos de oro de Aureliano Buendía para la serie con la que Netflix quiso contarnos su versión de “Cien años…”.

Cada una de las viajeras dispone de herramientas y metal para estirar, anudar, cruzar y darle forma a una figura diminuta que por abracadabra de las talleristas solícitas de EL BOGA aparecerá convertida en hoja inmortalizada.

El río y el árbol

Nos hemos rociado la infalible “Armadura del Trópico” de @lotodelsur porque de surcar el Magdalena no se regresa invicta. Pica el espíritu saberse en esas aguas mansas a su paso por Mompox, la misma ribera que fue puerto rebosante de comercio, conocimiento, fe católica y decisiones políticas.

Luce tan callado este río fundamental que le adivino actitud de “spleen”. Solamente quienes conservan su dignidad pisoteada pueden permitirse descender a ese estado de hastío y melancolía. Lo contemplamos absortas. Es un espejo en el que nos vamos a mirar y confesarnos con el descaro de las verdades fieras ante cada una. De alguna manera nuestro ORO VERDE es también sabernos al borde de nosotras mismas. Nos mece este río con mano de nana anciana. Extraño la voz de @goyo recitando sus propios versos que la hacen ser nuestra boga mayor, hermanada con Candelario Obeso por los siglos de los siglos, amén.

“El río ya se bajó,
el agua está cristalina.
Así como esos domingos
que no se trabaja en mina.
Ya los granos se cambiaron,
mi abuela los separó.
En la vida escarchada
ya la jagua entresacó.”

(Goyo, rapera, poeta, compositora. Publicado en la edición 2021 de la revista impresa La Malpensante Moda)

La noche cae tornasolada para amanecer entre las raíces del árbol que nos tomará los brazos y acompasará nuestra respiración. Hay una druida entre nosotras y se ha soltado el pelo para que nunca más olvidemos esta presencia de ella.

El tiempo deja de detenerse. Recobra su ritmo y lo miramos con desdén, un intruso en este círculo de mujeres dispuestas a quedarse aquí para casi siempre. Ya casi (debemos) irnos, regresar a nuestros puntos de partida donde dejamos hijos, parejas, asuntos devoradores, trabajos y dedicaciones cotidianas.

Los ojos que nos ven

Llegamos al final de esta travesía @lotodelsur por el sendero ORO VERDE con el álbum sigiloso de dos fotógrafos exploradores: @milijamilu & @jack.dizz

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